Siguiendo
al Observatorio
del laicismo
(1),
se
designa la Laicidad,
como
"el
estado de separación
mutua de las instituciones religiosas y el Estado".
Por
laicismo,
en
cambio,
se
entiende
"al
movimiento histórico de reivindicación de la emancipación laica".
La
laicidad
sería
el estado, el término o la meta.
El laicismo
equivaldría
al
movimiento
o
el camino
para llegar a
ese ideal universalista de organización de la ciudad
o del Estado.
Ahora
bien, para
llegar a la
laicidad, a
esa organización de la ciudad o Estado aislado de instituciones
religiosas, es necesario promover
la
concordia y el entendimiento entre todos sus ciudadanos,
de modo que se
respete
su
libertad de conciencia,
es
decir, el derecho de cada persona a tener sus propias convicciones o
creencias, sean religiosas o no.
El
Estado
en
ese caso deberá
ser siempre neutral
frente a las diferentes
creencias
particulares
y
a las
opciones de conciencia personales
de sus ciudadanos. Tenemos entonces un Estado laico. En cambio, se tiene un Estado
confesional,
cuando
éste por medio de su jefe de estado, sea Rey o Presidente, proclame
a una confesión religiosa
como oficial del mismo.
Y sería a-confesional,
cuando
es neutral ante las creencias religiosas, pero favorece
a varias
o alguna de ellas,
como lo es el actual Estado español, según declara el art 16,3 de la
Constitución.
Se
ha culpado a las Religiones de
influir
en el Estado para que
sean declaradas
oficiales del mismo, acusándolas
por ello de ser
las más
contrarias a la
libertad de conciencia,
por
establecer en la sociedad de modo impositivo
su fe
o sus
creencias, sus ritos y prácticas religiosas.
Y lo suelen hacer llegando
a prohibir cualquier otra opinión o convicción distinta a la suya,
tachándolas
de
heréticas
o con cualquier otro
nombre
y
terminando con castigarlas severamente, como en los tiempos de la Inquisición. Esto es cierto,
pero con una
excepción muy relevante. Los cristianos
primitivos,
de tiempos del Imperio romano, fueron los
primeros que practicaron el
derecho
a la Libertad de Conciencia.
Tanto
en tiempos
de Nerón, en el siglo I, como en
el
siglo III, en
tiempo del emperador Diocleciano, se
opusieron a las prácticas religiosas del Imperio romano, no
reconociendo
la
divinidad del
Emperador o
de los numerosos dioses del panteón romano, por ser contrarias a su creencia en Dios Padre.
Y defendieron
esta
libertad de conciencia,
sellándola a veces con su muerte.
Mucho
se ha escrito sobre el tema de las persecuciones contra los cristianos,
según
nos
los refiere
Raúl
González
Salinero,
en
su estudio sobre Las
persecuciones contra los
cristianos
en el Imperio romano
(2).
El
autor niega que la
actitud
de los cristianos fuera por motivos
políticos,
es decir, por desprecio
o
rebelión a los poderes establecidos.
Buscando
las diversas causas o razones del por qué fueron perseguidos
los cristianos,
indica que principalmente se
debe al
desdén o desprecio que mostraban a los dioses del Panteón romano.
Esto se
consideraba
una "impietas"
o impiedad,
porque
suponía
negar
el fundamento de la propia sociedad romana, que se fundaba en tales
prácticas, semejante
a lo que hoy llamaríamos "religión
oficial".
Por
ello,
tanto
los
judíos y los cristianos particularmente son
ejecutados por el
"crimen de ateísmo".
Daniel Ruiz Bueno nos trae el testimonio del historiador
romano
Dion
Casio
del
martirio de los cristianos Flavio Clemente y su mujer Flavia
Domitila:
"En el mismo año (95 d.C.)
-dice-
mandó matar Domiciano, entre otros muchos, a Flavio Clemente, que
ejercía el consulado, a pesar de ser primo suyo y estar casado con
Flavia Domitila, parienta suya también. A los dos se los acusaba de
"ateísmo", crimen por el que fueron condenados también
otros muchos, que se habían pasado a las costumbres de los judíos"
(3).
Pero
esta
práctica
cristiana
de
libertad
de conciencia
frente a
la
religión del
Estado duró poco, pues en el año 380, el Emperador Teodosio
promulgó el Edicto e Tesalónica
(Wikipedia)
estableciendo
a la
fe cristiana como
religión
oficial y única del Imperio romano.
Aunque
por
este
Edicto no se prohibían otras religiones, sino profesar
otras
creencias cristianas
diversas de las del Emperador,
con el tiempo creció la injerencia estatal
dentro de
la Iglesia y el
Papado
se
creyó con derecho a intervenir en
los asuntos temporales y,
sobre todo,
en la
elección
y deposición
de
Reyes y Emperadores.
Este
maridaje
entre
el
Estado
y
la
jerarquía
de la Iglesia
católica
y otras confesiones cristianas,
ha
permanecido, con
mayor o menor intensidad,
hasta nuestros días,
como sabemos.
Frente
a esta
unión
entre
el
Estado
y
las
Religiones,
en particular la
católica y demás confesiones cristianas,
se alzó
el ateísmo
en cualquiera de sus versiones (Spinoza, Voltaire, Marx etc),
con la bandera del humanismo y en contra del poder intolerante de la
Religión. Así lo expresa el teólogo jesuita de la Universidad de
Granada, Juan Antonio Estrada Díaz: "El
ateísmo denuncia
la identificación entre
Dios y su representación; impugna
la «verdad» religiosa como instrumento
teocrático de poder y rechaza
un sistema religioso que
se impuso sobre la conciencia personal
(cuius regio, eius religio: la
religión de una región es la del que la
gobierna) a costa de los derechos
humanos"
(4).
De aquí el gran favor terapéutico que brinda el ateísmo a la
Religión.
Dando
un paso más. el escritor alemán Ernst Bloch
en
su
libro:
El ateísmo en el Cristianismo
(5),
afirma
que
el ateísmo es un postulado del Cristianismo, por ser la religión del Éxodo y del Reino de Jesús.
El
Cristianismo, aunque cree en un "más
allá, confiando
en
las moradas del Padre",
sabe que no puede imponer a nadie su creencia, porque científicamente
no puede probarla. Debe vivir como
si Dios no existiera,
en
frase del
pastor evangélico Dietrich
Bonhoeffer,
víctima del nazismo. No bostante,
dice
Ernst
Bloch,
"siempre
con la contraseña del Éxodo:
Donde hay esperanza, hay también religión (pero ciertamente,
no
a
la
inversa)....
Pues precisamente de la esperanza humana, de la vinculada con el
novum mejor, surge la crítica más dura contra la
re-ligio
en cuanto religación represiva, regresiva; contra lo superior,
firmemente asentado arriba, a diferencia de la anticipación
insatisfecha, auto creadora, del trascender sin
Trascendencia...Así llegamos a la posibilidad de la frase: Sólo un
ateo puede ser un buen cristiano, pero ciertamente también:
sólo un cristiano puede ser un buen ateo"- ¡Asombroso!
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1)
¿Qué
es el laicismo? Una explicación sencilla y razonada del laicismo y
la laicidad. Por
el Observatorio del Laicismo de la asociación Europa Laica.
Disponible en: https://laicismo.org/que-es-el-laicismo/
(Consulta
20-01-2026)
2)
GONZÁLEZ
SALINERO,
Raúl.
Las
persecuciones contra los
cristianos
en el Imperio romano:
Una aproximación critica.
Madrid: Signifer Libros, 2005, cap.1, p 11. Disponible en: https://es.scribd.com/document/361596975/Gonzalez-Salinero-Raul-Las-persecuciones-contra-los-cristianos-en-el-Imperio-Romano-Una-aproximacion-critica-pdf.
(Consulta 01-02-2026).
3)
RUIZ BUENO, Daniel.
Padres
Apostólicos y Apologistas griegos (s.II).
Introducción, notas y versión española por... Madrid: Biblioteca
de Autores Cristianos, 2002, p.99.
4)
ESTRADA,
Juan A. ¿Elogio
del ateísmo y crítica el Cristianismo?.
En:
Razón
y fe,
237 (1998)
251-263.
Disponible en:
https://seleccionesdeteologia.net/assets/pdf/154_03.pdf,
p.102.
(Consulta 10-02-2026).
5)
BLOCH, Ernst. El ateísmo en el Cristianismo: La religión del éxodo y del Reino
Traducción de José Antonio Gimbernat Ordeig. Madrid: Taurus
ediciones, 1983
Disponible en:
https://archive.org/details/bloch-ernst.-el-ateismo-en-el-cristianismo-1983,
pag. 16.
(Consulta
12-02-2026).
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Antonio
Moreno de la Fuente
Miembro
de Andalucía laica