
Con el saco lleno
La avaricia es uno de los siete pecados capitales, no solo porque sea uno de los peores pecados o acciones humanas más perversas, sino porque corrompe a la persona humana en su raíz o en sus cimientos y da lugar a muchas otras acciones malignas. La avaricia, en particular, es peligrosa porque se disfraza de ambición o seguridad propia y aleja al ser humano del cuidado o amor al prójimo y de la fe en la transcendencia o Dios, identificándose con la idolatría, la injusticia, la mentira, el robo, la explotación del prójimo, la traición...
Jesús decía: "Ninguno puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro...No podéis servir a Dios y a las riquezas (Manmón). (Mateo 6,24). Y contaba la historieta o parábola de un rico terrateniente que un año obtiene grandes cosechas y decide construir grandes graneros, prometiéndose una buena vida de abundancia y placeres...Pero resulta que murió esa noche y todo se desvaneció (Lucas 12:16-21). Por ello, Jesús sentencia: ¿Qué le vale al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma? o lo que es lo mismo, su paz, su tranquilidad, sus relaciones, su vivir (Mt 16,226; Mc 8,36; Lc 9,25; Jn 12,25).
Todo esto viene a cuento, por el caso escandaloso de las inmatriculaciones, es decir, ante los 34.961 bienes inmatriculados por la Iglesia católica en España, entre 1998 y 2015, publicados por el gobierno español el martes 16 de febrero de 2021. De estos bienes, 20.014 son “templos de la iglesia o dependencias complementarias, mientras que los 14.947 bienes inmatriculados, son "solares, viviendas, locales, etc.”.
La inmensa mayoría de las inmatriculaciones (30.335) se llevaron a cabo, “en virtud de certificación eclesiástica”. Esta certificación eclesiástica alude al artículo 206 de la Ley hipotecaria franquista (LHF) , de 8 de febrero de 1946 (y 304 del Reglamento Hipotecario correspondiente), cuya redacción original de dicho art. 206, decía así: “El Estado, la Provincia, el Municipio y las Corporaciones de Derecho público o servicios organizados que forman parte de la estructura política de aquél y las de la Iglesia Católica, cuando carezcan del título escrito de dominio, podrán inscribir el de los bienes inmuebles que les pertenezcan mediante la oportuna certificación librada por el funcionario a cuyo cargo esté la administración de los mismos, en la que se expresará el título de adquisición o el modo en que fueron adquiridos”. Esta equiparación de la Iglesia católica con el Estado se justificaba por ser la Religión católica la única religión del Estado franquista, por lo que el Obispo es reconocido como funcionario público y en el caso de carecer del título escrito de dominio de un bien, podía inscribirlo en el Registro de la Propiedad (lo que se llama inmatriculación), con sola su certificación eclesiástica.
No obstante, la Ley hipotecaria franquista y los arts. 4 y 5 del Reglamento hipotecario, excluían a los templos de estas inmatriculaciones, por ser considerados "bienes de dominio público". Ahora bien, aprobada la Constitución en 1978, dicha equiparación del obispo como funcionario público resultaba contraria a lo dispuesto en su artículo 16.3, que admitís que: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal”. No obstante, la Ley no fue modificada hasta el 2015, por lo que, en realidad, no se sabe bien cuántos bienes inmuebles, como “solares, viviendas, locales, plazas. prados etc", inscribieron los obispos con sola su certificación, desde el 1946 hasta 1998, ya que en esta fecha hubo otra modificación.
Efectivamente, en el año de 1998, el presidente Aznar mediante el Real Decreto 1867/1998, modificó los artículos 4 y 5 del Reglamento Hipotecario, admitiendo en su art. 1, que los templos, aunque fueran considerados como bienes de dominio público, pudieran ser también inmatriculados. Y así se siguió hasta el año 2015 en que, gobernando Mariano Rajoy, se aprueba la Ley 13/2015, de 24 de junio, de Reforma de la Ley Hipotecaria aprobada por Decreto de 8 de febrero de 1946 y del 6 FEB. 2021 y que modifica el artículo 206 de Ley Hipotecaria franquista y suprime la mención de la Iglesia Católica. Terminando así el proceso legal de inmatriculación de bienes por parte de la jerarquía de la Iglesia católica mediante certificación del obispo.
En resumidas cuentas, a los 34.961 bienes inmatriculados por la Iglesia católica en España, entre 1998 y 2015, habrá que añadir los cuantiosos bienes inmatriculados por los obispos desde 1946 hasta 1998, con lo que se puede considerar a la Iglesia católica el mayor tenedor inmobiliario de España. Y ello, por encima "del fondo de inversión estadounidense Blackstore, el mayor propietario privado de viviendas en España, a través de sus gestoras y que tiene una cartera de 20.000 viviendas. Seguido de CaixaBank, que es el mayor tenedor de viviendas de origen nacional" (Google Gemini).
Junto a los obispos están las Ordenes religiosas, en particular los Jesuitas y el Opus dei, según constata RECUPERANDO, la asociación para recuperar el patrimonio inmatriculado por la Iglesia católica, que estima que entre los obispados y particularmente los Jesuitas y el Opus dei, son tenedores de unos 100.000 bienes inmobiliarios.
Ante estos hechos escandalosos, solo cabe preguntar: ¿Han olvidado los jerarcas o dirigentes de la Iglesia católica las palabras de Jesús: No podéis servir a dos señores, a Dios o a las riquezas o Manmón, y ¿Qué le vale al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma? (Mt 16,226; Mc 8,36; Lc 9,25; Jn 12,25). De cierto, que las han olvidado, porque, en gran parte, están corrompidos por los dos grandes pecados capitales, contra los que predican, pero ellos no cumplen: por el de la avaricia, al ser los primeros tenedores de bienes inmobiliarios de España y el de la lujuria, al estar denunciados por el Defensor del Pueblo, en innumerables casos de abusos sexuales y Pederastia. Pecados o acciones humanas perversas, porque corrompen a la persona humana en su raíz o en sus cimientos, dando lugar a muchas otras acciones malignas, como la idolatría, la injusticia, la mentira, el robo, la explotación del prójimo, la traición...
-------------------------------------
Antonio Moreno de la Fuente
Miembro de las Comunidades Cristianas de Base
y de Andalucía Laica



